El rol de la Capellanía en las Instituciones de la iglesia

“Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, y enseñaba en las sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino y sanaba toda enfermedad y toda dolencia del pueblo” (Mt 9:35).

El evangelista Mateo nos muestra cómo el ministerio de Jesús tenía más de un aspecto. Él no solo era un sanador, no solo era alguien interesado en la salud física de las personas, sino que también si interesaba por su alma (Mt 16:26; 6:33). Es más, con justicia puede decirse que el cuidado del alma para Jesús era lo primordial, y que el cuidado del cuerpo era una obra que acompañaba y confirmaba lo primero. Aún más, la restauración de la salud del alma traería como fruto una restauración total del cuerpo, no solo por un tiempo, sino por toda la eternidad, por la promesa de la resurrección para todo aquel que al morir en la fe pierde su cuerpo.

Comprender esto nos sirve para poder entender y dimensionar de qué se trata la tarea del Capellán de una institución. Un capellán es un pastor que vela por la salud espiritual de todas las personas que son parte de una institución en particular y que funciona a la par de una congregación (Hospitales, Centros de Rehabilitación, Colegios, etc.) y que está más preocupado por los asuntos eternos que por los temporales. Es por esto que, el trabajo de la capellanía no se trata de mera acción social, compañerismo o contención psicológica (hay otras personas que se dedican a esto), sino que su servicio se enfoca la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios, medio por el cual Dios creó y sostiene todas las cosas (Jn 1). Por tanto, un capellán es alguien que preside los oficios religiosos de la institución con un énfasis en la predicación, que ora por y con los miembros de la comunidad, que está disponible para atender sus preguntas sobre Dios y para ofrecer consuelo divino a aquellos que lo requieran. Y, sobre todo, es alguien que dirige mentes y corazones de las personas hacia Cristo y sus dones de perdón, vida y salvación, y que sirve para que las personas sean realmente beneficiados por ellos.

En resumen, en el contexto de la iglesia, toda institución que sirve a los propósitos de servir con misericordia al cuidado del cuerpo, nace de otra institución previa que se encarga principalmente del cuidado del alma (y no al revés). Esta es la razón por la cual el área de capellanía resulta fundamental en cada una de las instituciones que pertenecen a la iglesia y por lo cual no puede ser visto como algo secundario. Porque la tarea principal de la iglesia sigue siendo hasta el fin la fiel predicación del evangelio para salvación eterna de todo aquel que cree, y las obras de misericordia son un resultado evidente de los frutos temporales que esta predicación ha producido en los fieles que han creído la Palabra recibida, y que ahora aman al prójimo, así como Cristo mismo los amó primero.

Como bien dijo un colega alguna vez “la misericordia es la puerta de entrada al reino de Dios”. Porque Dios quiere ser conocido como un Dios misericordioso, que se preocupa tanto por nuestra salud física pero especialmente la espiritual, y que por eso envió a su Hijo divino a nacer como un verdadero hombre, de manera que por medio de Él las puertas del cielo puedan ser abiertas una vez más y para siempre, para todo ser humano que cree esto.

¿O acaso puede haber alguien en este mundo interesado en sacrificarse en beneficio de otro, servir sin esperar recompensa y a amar sin condiciones? Ciertamente nadie, sino solo Dios. Toda honra y gloria sea a Él, en las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Rev. Pablo D. González

Capellán

Centro de Rehabilitación Integral “Betesda”

Los Peumos 4265, La Florida.

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